domingo, 25 de marzo de 2012

Abierto por “reformas”

Por Daniel Bosqued
http://yoestoyalapuerta.blogspot.com/
Publicado previamente en la Revista Adventista española, marzo de 2012

Uno de los principios de la Reforma protestante quedó fraguado en la expresión “Ecclesia semper reformanda est”, que significaba que la iglesia siempre debía estar reformándose. Esta máxima, que apareció por primera vez en el siglo XVII, recogía el germen del movimiento y trataba de impedir que –con el tiempo– el protestantismo también quedara estancado en los mismos errores de la iglesia tradicional. Idealmente, este principio de reforma constante debía transmitir un espíritu de mejora permanente y de aplicación contextualizada de los principios bíblicos a las diferentes realidades con las que la iglesia tuviera que convivir.


Como heredera de la Reforma, la Iglesia Adventista se ha considerado a sí misma como una “reforma dentro de la reforma”. Una vuelta de tuerca más. Una iglesia profética cuya profundización en el mensaje bíblico ha permitido resaltar verdades distintivas dentro del cristianismo: sábado, segunda venida, estado de los muertos, santuario, etcétera. 1

Este fundamento bíblico, junto con el don del Espíritu de Profecía, han dotado a la iglesia de una gran solidez teológica e institucional. Sin embargo, no estoy seguro de que el espíritu de la reforma constante haya sido percibido como un valor imprescindible –casi inherente al ideal bíblico– en todas las áreas de la Iglesia Adventista.


El objetivo de una reforma

El objetivo de una reforma en la iglesia consiste en mejorar, superar una etapa, adaptarse a los cambios, profundizar el mensaje, depurar errores y –a la larga– cumplir mejor nuestra misión alcanzando al ser humano en su variada y cambiante realidad personal. El proyecto mundial de la Iglesia (“Reavivamiento y reforma”) quizá haya ha incidido positivamente en ese sentido, pero probablemente su impacto ha sido más personal que institucional.

Es cierto que las reformas comienzan por uno mismo (2 Corintios 5: 17: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas».) En este mismo sentido puede entenderse también la invitación del apóstol: «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento» (Romanos 12: 2). Estos versículos refieren a la “vieja manera de vivir”, en relación con el “viejo hombre” y a la renovación de nuestra mente por medio de Cristo. Pero ese mensaje espiritual bien puede incluir la regeneración de todo lo que incluye al ser humano y trascender al propio creyente afectando a las estructuras en las que vive y se desenvuelve.

¿Qué implica eso? ¿Hay que cambiar constantemente? Yo soy de los que creen que el cambio por el cambio no tiene por qué ser positivo. Sin embargo, si el cambio viene motivado por un espíritu de superación y de implementación de mejoras a todos los niveles, el resultado puede ser muy oportuno para la iglesia y por tanto, para el mundo a quién la iglesia debe alcanzar. Es en ese sentido que la mejora constante debe formar parte de la esencia del movimiento adventista, más que de ningún otro, puesto que su vocación es llegar a «toda nación, tribu, lengua y pueblo» (Apoc. 14: 6).


La innovación y la creatividad

Es probable que la palabra clave para alcanzar ese objetivo sea la innovación y el método sea una iglesia realmente “semper reformanda”. Me explico.

¿Es la innovación un proceso natural y espontáneo? La realidad es que no. La iglesia no deja ser una institución humana, y en este sentido está muy condicionada por las leyes psicológicas de las organizaciones.2 ¿Qué significa esto? Que de forma natural no tendemos a innovar sino a lo contrario. Las organizaciones suelen ser conservadoras por naturaleza y se resisten activamente a los cambios. Tendemos a la institucionalización; a hacer “siempre lo mismo”; a repetir las cosas hayan funcionado o no; a mantener el statu quo.3 La realidad es que en general no nos gusta cambiar y lo hacemos sólo cuando es absolutamente imprescindible.

Pero no es necesario conformarse o rendirse ante esa peculiaridad de las instituciones. En el libro Empresas que perduran. Principios exitosos de compañías triunfadoras, los autores señalan cómo las organizaciones visionarias centenarias han sabido sobreponerse a esa tendencia natural dotándose de forma explícita de mecanismos que rompan esa inercia hacia la rutina y la estandarización.4 Cuando la innovación se integra en la organización, el resultado es muy positivo.

En los últimos años hemos sido testigos de grandes transformaciones sociales y tecnológicas. En algunos casos los cambios tecnológicos han precipitado importantes mejoras en el ámbito social. Lo curioso es que en muchas de las innovaciones tecnológicas que nos rodean se percibe un elemento en común: los mejores avances, las mejores ideas, las propuestas más revolucionarias no han surgido de estructuras oficiales institucionalizadas. Es decir, no han surgido de grandes empresas ya formadas, sino más bien han sido ideas de jóvenes visionarios no institucionalizados que hicieron crecer a posteriori una estructura a partir de una buena idea. Para ser concretos pensemos en empresas como Google, Youtube, Facebook, o los genios creadores de Windows o Apple. Todos ellos comparten estos orígenes comunes: han sido ideas revolucionarias, han cambiado el mundo y ninguno de los creadores formaba parte del staff de una organización.

Sólo después de generar la idea, surgió una estructura empresarial alrededor. Pero estos ideólogos como Bill Gates, Steve Jobs o Mark Zuckerberg, han sabido combatir la inercia natural hacia el estancamiento que producen las instituciones, creando mecanismos, dentro de las propias estructuras que favorecen –y casi obligan– a la creatividad y la innovación.

Si se revisan los elementos comunes que han tenido las grandes instituciones que han perdurado de forma sobresaliente durante los últimos cien años, los valores compartidos han sido precisamente la capacidad de innovar, transformar, cambiar, arriesgarse, siempre en torno a una idea central (mensaje esencial) que debe permanecer invariable.5

En el caso de la Iglesia Adventista, hay que salvar las distancias con una empresa, cuyas motivaciones, objetivos, medios y visión no compartimos. Pero en tanto que institución, creo que la aplicación de estos valores organizacionales puede resultar muy positiva. Hemos de mantener una idea central invariable, compuesta por el mensaje bíblico adventista.6 Pero más allá de los principios centrales, el desafío de la iglesia es favorecer la innovación en sus ideas, estructuras, formas de compartir el mensaje, imagen institucional, adaptación de normas, etcétera.

El resultado de la no innovación en todas estas áreas, ha llevado a muchas empresas no visionarias a la quiebra. Y aunque el éxito de la iglesia está profetizado y fuera de toda duda, es cierto que en algunas áreas de nuestra sociedad (principalmente en Europa), el resultado de la falta de adaptación ha sido un desfase o desencuentro entre el desarrollo social y la relevancia de la iglesia. Es decir, que por no adaptar las formas a la realidad corremos el riesgo de opacar nosotros solos el mensaje de la Biblia convirtiéndolo –involuntaria e injustamente– en “no-pertinente” para el ciudadano del siglo XXI.

¿Cómo explicar, que algunos elementos de nuestro mensaje distintivo hayan sido explotados de forma satisfactoria –incluso desde el punto de vista económico– por otras instituciones, mientras que la Iglesia Adventista ha quedado marginada o relegada a la irrelevancia en muchas áreas de nuestra sociedad? El mensaje de salud, la importancia del descanso (sábado), el valor de la esperanza, la integridad del mensaje bíblico o la importancia de los valores en la sociedad son temas que algunos autores no adventistas han logrado brindar a la sociedad con gran resultado (libros, programas de televisión, revistas, proyectos multimedia, etc.) mientras que la Iglesia Adventista en algunas latitudes no ha hecho sino profundizar su marginalidad.

Considero que creatividad e innovación son valores bíblicos, fueron valores en la Reforma protestante, fueron valores del movimiento adventista en sus orígenes y nunca deberían haberse perdido. La innovación –bien entendida– no consiste sólo en hacer mejor las cosas, sino en hacer cosas diferentes. Henry Ford, gran visionario del siglo XX, resume el principio de innovación –introducir novedades– que revolucionó su institución: «La gente quería caballos más veloces. Yo les di… un coche». No es que los caballos estuviesen mal. Eran rápidos. Cada vez más. Pero tenían un límite natural. Ford fue capaz de proporcionar coches a un precio asequible para el ciudadano medio. De esta forma, transformó la realidad revolucionando el concepto de transporte.


Conclusión

La Iglesia Adventista no fabrica coches. Tampoco vende ideas. Pero sí está llamada a compartir un mensaje de forma atractiva, pertinente y relevante. Este llamado es bíblico, y también nos lo trae el apóstol Pablo: «Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno» (Col. 4: 6). El mismo Pablo fue capaz de adaptar su mensaje y hacerse «judío a los judíos, para ganar a los judíos […]; a los que están sin ley como sin ley, para ganar a los que están sin ley […]; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos» (1 Cor. 9: 20-22).

Creo firmemente que Dios ha dirigido, dirige y dirigirá el movimiento adventista hasta el fin de los tiempos. Creo que el mensaje adventista será llevado hasta lo último de la tierra. Y creo que nuestra generación será la protagonista.

Por eso creo que tenemos una responsabilidad para con el mundo. Somos herederos de una Reforma que nunca debería haberse detenido. Somos herederos de un movimiento adventista que no aspiraba a convertirse en “institución”.7 Estamos llamados a ser un movimiento de esperanza, orientado al futuro, abiertos al cambio y –por tanto– estamos moralmente obligados a explicar nuestro mensaje de todas las formas y maneras posibles al ciudadano del siglo XXI.

Para ello, entre otras cosas que se podrían señalar, quiero destacar la importancia de la innovación, de la superación, de probar nuevas cosas, cambiar estructuras, reformar las antiguas, no conformarse a este mundo, sino transformarlo.

La verdadera innovación se podría ver reflejada en nuestro medio en nuevas formas de liturgia, nuevos acercamientos a la sociedad, nuevas publicaciones, diferentes departamentos, nuevas estructuras, cambios de imagen institucional, nuevos mecanismos a todos los niveles (desde la administración, pasando por los pastores hasta el último laico en España) que nos obligaran a cambiar, a no conformarnos, a tratar no solamente de hacer las cosas mejor, sino de hacer cosas simplemente nuevas o diferentes.

Dios mantiene un equilibro perfecto al conservar un mensaje central invariable (Mal. 3: 6: «Yo Jehová no cambio»; Heb. 13: 8: «Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos»), y tener un espíritu creativo y renovador. Al fin y al cabo, Jesús quiere innovar pronto, quiere introducir cambios, y no se va a conformar con cambiar algunos detalles: «He aquí, yo hago nuevas todas las cosas» (Apocalipsis 21: 5). Su sueño es también mi sueño.

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1 Véase George R. Knight, Nuestra identidad: origen y desarrollo (Miami: Apia, 2007), págs. 105-148.

2 Stephen P. Robbins, Fundamentos de comportamiento organizacional (México: Prentice-Hall Hispanoamericana, 1998), pág. 5.

3 Ibíd., pág. 277.

4 James C. Collins; Jerry I. Porras, Empresas que perduran (Barcelona: Norma, 1995). El principio básico de compañías como General Electric, 3M, Merck, Wal-Mart, Hewlett-Packard, Walt Disney y Phillip Morris fue el de “preservar el núcleo y estimular el progreso”.

5 Ibíd., págs. 97-109.

6 George R. Knight, op. cit., pág. 240, señala que «un adventismo sano siempre se centrará en los temas fundamentales de su mensaje».

7 Véase Richard W. Schwarz y Floyd Greenleaf, Portadores de luz: historia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día (Buenos Aires: ACES, 2002), págs. 83-99; George R. Knight, Nuestra organización: ¿Aliada o enemiga de la gran comisión? (Miami: APIA, 2007), págs. 17-31.

[Ilustración de J. Fowler.]

2 comentarios:

  1. Buenas,
    Reconοzco eѕ lа рrimeгa vеz que hе
    leido el blog y quіero comentaг quе eѕta baѕtante
    biеn y crеo que me veraѕ mas fгecuentemеnte por estos lares.

    ;)

    Feel freе to surf tо my blοg: Juan

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